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Virgen de la María
Asunción: la gran fiesta

Las tradicionales fiestas de la Virgen María de la Asunción, patrona de Picoazà, tiene una historia cuyos inicios van desde la vida misma de esta parroquia.
Cientos de años han transcurrido desde que se comenzó a festejar y en mucho ha cambiado. Ahora, como lo señalan, es la principal celebración que se realiza en Picoazà y conglomera a miles de personas, no solo de este sector de la geografía manabita, sino a quienes viven más allá de las fronteras ecuatorianas.
Fernando Zevallos Marzumillaga, historiador manabita, expresa que cuando los habitantes de Picoazà decidieron asentarse en las riberas del río Portoviejo, donde hoy se ubica la parroquia, trajeron todas sus costumbres raciales, sus cultivos, sus métodos de trabajo, sus festividades religiosas, entre ellas la consagrada a la patrona Virgen de la Asunción. Aquello se produjo allá por el siglo XV.
Desde esa época los habitantes de esta población, todos los años, se organizan para participar en los actos religiosos efectuados en el mes de agosto.

¿Cómo se celebra?
Cada año el valor de las festividades toma mucho más vigor y el termómetro para determinar el porqué de tal aseveración es la cantidad de personas que decide participar en ellas.
Las fiestas de la Virgen de la Asunción se inician con la visita que los feligreses, acompañados por la imagen que permanece en la Iglesia San José, realizan a los distintos barrios de la parroquia desde el 1 de agosto, fecha en la que también las bandas del pueblo entonan sus melodías en las afueras del principal templo religioso.
Lo llamativo de estas visitas, que previamente son establecidas, es que las mismas se las realiza en horas de la madrugada. Entre sus habitantes le denominan a estos recorridos, auroras.
Esos recorridos se convierten en un verdadero espectáculo porque se conjugan los cantos, las luces de las velas y la oscuridad de la noche que al terminar la jornada se transforma en la tenue luz de la madrugada.
El acercamiento de los días de la celebración implica una agitación en la población. En los barrios se elige a las chiquillas más hermosas que deben participar en una procesión. Todas ellas son denominadas “Estrellas de la Virgen” que representa para cada una de las participantes un entero orgullo.
El 14 de agosto, día donde confluye una mayor cantidad de personas, se lleva a efecto una procesión de la ciudadanía y el recorrido de las “Estrellas de la Virgen”.
Luego de una jornada de celebraciones religiosas, de bailes populares donde impera siempre la hermandad, de reencuentros familiares termina la jornada, la noche del 15 de agosto. El cierre de la misma todos los años marca una gran diferencia. El torrencial de feligreses que recorre las calles de la parroquia deja ver, a simple vista, la relevancia que tienen las celebraciones de la Santísima Virgen de la Asunción.

 
picoaza@galeon.com
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